EN CONSULADO SOSTIENEN QUE CON MUERTE DE ISABEL MARIA ALMONTE SE PIERDE A UNA GRAN EMPLEADA
En el consulado, todo es tristeza, y el cónsul Máximo Corcino aseguró que el legado de dignidad, entrega y sensibilidad social con que se desempeño en sus labores Almonte permanecerá por siempre como una huella indeleble en el Consulado de Nueva YorkNUEVA YORK.- Las honras fúnebres por el fallecimiento de una empleada del Consulado Dominicano en esta ciudad se convirtieron en una masiva manifestación de dolor y tristeza que unió a parientes, líderes comunitarios, amigos y funcionarios de la sede consular quienes destacaron las dotes de honestidad, humildad y dedicación al trabajo de la dama.
El velatorio de los restos de Isabel María Almonte fue realizado en la funeraria Ortiz, ubicada en Broadway, esquina calle 190 de Manhattan, muy cerca del lugar donde ella vivía, por muchos años y estuvo encabezado por el cónsul general, señor Máximo Corcino, quien inició una guardia de honor junto a la encargada de asuntos administrativos, licenciada Felicia Rosario y los dos únicos hijos de la finada, José Luis y Manuel Alejandro .
Compungidos por el llanto, a la solemne ceremonia se unieron los demás vicecónsules, servidores de la institución, parientes y relacionados que quisieron a la dama. En un mensaje improvisado el cónsul definió a Isabel Almonte como un ejemplo de abnegada dedicación al trabajo, colaboración, humildad, vocación de servicios y sensibilidad social.
"Como servidora y como ser humano, fue un referente, un ejemplo a seguir, su partida nos deja un legado de grandeza y humildad", destacó.
Dijo que con la súbita partida de la dama, el Consulado de Nueva York perdió a una de sus mejores servidoras, a una mujer de carácter amable, cariñosa y efusiva, dispuesta siempre a buscar solución a las inquietudes de los usuarios de los servicios que ofrece el organismo, atributos que hicieron de ella un paradigma de excelencia.
Destacó sus excelentes relaciones con los demás empleados, debido a su elevado sentido de respeto, prudencia y serenidad en el trato con los demás, a lo que sumaba una sonrisa en su rostro, como evidencia ineludible de ternura, nobleza, frescura y sinceridad.
El cónsul Máximo Corcino aseguró que el legado de dignidad, entrega y sensibilidad social con que se desempeño en sus labores permanecerá por siempre como una huella indeleble en el Consulado de Nueva York, al tiempo de invitar a los demás servidores a seguir ese ejemplo.
Inconsolables, atrapados por esa pena incomparable que produce la partida de un ser querido, José Luis, su hijo mayor, sacó fuerzas para dirigir un mensaje de profunda gratitud al cónsul general, a los compañeros de labores y a todos los presentes por acompañar a su familia en un momento de incontrolable dolor.
"Ella fue, más que madre, amiga, consejera, cómplice y hasta consentidota, era algo especial, nos ofreció un amor sin límites, sin comparaciones", dijo.

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