¿ES EL TRES EL NUMERO MAGICO DE LOS DOMINICANOS?
"Tres son los componentes de nuestro plato criollo por excelencia, mejor conocido con el nombre de “Bandera Nacional”: arroz, habichuela y carne, recuerda Caba.POR DOMINGO CABA RAMOS
SANTIAGO.- En la escala numérica no existe otro cardinal que como el tres esté tan articulado al desarrollo histórico – social del pueblo dominicano, ni tan arraigado en el subconsciente de los nacidos en esta tierra
« El dominicano, desde su niñez, comienza a familiarizarse, entre otras originales costumbres, con la tradicional doctrina del número tres. Así en el hogar aprende la existencia de los "tres Reyes Magos": Gaspar, Melchor y Baltasar; en la iglesia, "las tres divinas personas": Padre, Hijo y Espíritu Santo; en la escuela, "los tres Padres de la Patria": Duarte; Sánchez y Mella. Luego seguirá conociendo: las tres regiones naturales que componen el país: Cibao, Sur y Este; las tres grandes cordilleras: Septentrional, Central y Meridional; los tres grandes dominios fluviales: Yaque del Norte, Yuna y Yaque del Sur; y muchísimos otros »
(DR. JULIO GENARO CAMPILLO PEREZ)
¿Es el tres el número mágico, sagrado o típico de los dominicanos? Además de un baile típico: el merengue; unos platos típicos: el mangú y el sancocho, ¿tenemos los dominicanos un número típico: el tres?
« En nuestro lenguaje popular - apunta nuestro poeta, maestro y mejor costumbrista, Ramón Emilio Jiménez – el uso del tres supera al de los otros números. En boca de la universalidad de nuestra gente, suena de ordinario en frases familiares, modismos, refranes, dichos agudos y expresiones de índole diversa…» (Al amor del bohío, 2001, pág. 348)
Lo cierto es que en la escala numérica no existe otro cardinal que como el tres esté tan articulado al desarrollo histórico – social del pueblo dominicano, ni tan arraigado en el subconsciente de los nacidos en esta tierra. Su frecuente empleo en la lengua popular así parece confirmarlo.
Pero ese uso reiterativo del número precitado en nuestras cotidianas prácticas comunicativas, vale aclararlo, no siempre obedece a un acto consciente y/o selectivo. En muchas ocasiones, como veremos más adelante, se nos presenta por pura coincidencia. Su protagonismo comienza a ponerse de manifiesto en el mismo instante en que Cristóbal Colón descubrió la isla de Santo Domingo el 5 de octubre de 1492. Los hombres que lo acompañaban arribaron al Nuevo Mundo en tres carabelas: La Santa María, La Pinta y La Niña.
El fundador de la República, Juan Pablo Duarte, utilizó el cardinal que nos ocupa como la base numérica que sirvió de soporte en el proceso de conformación de la sociedad secreta La Trinitaria. Este organismo estuvo constituido originalmente por nueve miembros, los que divididos en grupos de tres, cada uno tenía la misión de reclutar a tres personas más. Por estar estructurada a partir del número tres fue que se le llamó Trinitaria a esta histórica organización política.
Con la proclamación de la Independencia Nacional surge el Estado Dominicano y con él, los símbolos que lo representan y los poderes que lo conforman. Los símbolos patrios son tres: la bandera, el himno y el escudo. Y tres son también los poderes: Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial.
Los colores de nuestra bandera son tres: rojo, azul y blanco. Y tres son las palabras que constituyen el lema de la Patria: Dios, Patria y Libertad. Y, lo que es más curioso, República Dominicana es el único país del mundo que cuenta con tres padres de la Patria: Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella.
En lo que a las luchas antitrujillistas respecta, tres fueron los dominicanos que en el exilio encabezaron la llamada Invasión de Luperón, en 1948: Juancito Rodríguez, Miguel Ángel Ramírez y Horacio Julio Ornes Coiscou. Tres fueron los únicos sobrevivientes de la gesta heroica del 14 de junio de 1959: Mayobanex Vargas, Medardo Germán y Poncio Pou Saleta. Y tres fueron las heroínas que nos legó esa patriótica y sangrienta lucha: Patria, Minerva y María Teresa Mirabal.
En 1973 el coronel Francisco Alberto Caamaño sale de Cuba, rumbo a la República Dominicana, por la Bahía de Ocoa, al frente de un grupo de guerrilleros que venía con la intención de iniciar acciones bélicas en contra del gobierno encabezado por el doctor Joaquín Balaguer. De esos rebeldes sólo tres lograron sobrevivir: Hamlet Herman, Claudio Caamaño Grullón y Toribio Peña Jácquez.
Pero no sólo eso. En nuestro país, el tres marca el plazo o límite temporal a partir del cual una actividad debe comenzar y ninguna conducta irregular se puede tolerar. De ahí que no resulte extraño escuchar el dicho aquel de que “A las tres es la vencida…”o el famoso “a la una, a las dos y a las tres…”, de evidente acento imperativo, empleado para marcar el inicio de una competencia. Hasta tres (uno, dos y tres…) cuentan nuestros directores de orquestas para iniciar la interpretación de una pieza musical, tres son las cartas que las instituciones crediticias les envían a sus clientes solicitándoles ponerse al día con el pago, antes de pasar su caso al departamento legal, en tanto que el padre se limitará a reprender al hijo cuando este incurra en actos de travesuras la primera y la segunda vez. Si la acción traviesa se repite por tercera vez, el castigo entonces será más severo: « ¡Que no tenga yo que decírtelo tres veces, porque la última vez será con el fuete en la mano!»
Además, tres y no más ni menos de esa cantidad, fueron los que “echaron a Pedro en el pozo”. Tres son los instrumentos típicos originales empleados para ejecutar nuestro baile nacional o merengue de “tierra adentro”: la tambora, la güira y el acordeón. Tres son los componentes de nuestro plato criollo por excelencia, mejor conocido con el nombre de “Bandera Nacional”: arroz, habichuela y carne. Tres eran las canciones que el galán enamorado solía, en épocas pasadas, dedicarle a la mujer de sus sueños en las serenatas que tras la ventana de la amada soñolienta se efectuaban cuando todavía flotaban en el cielo de la Patria los vientos del romanticismo.
Tres son los ensalmos que las mentes mágicas y cabalosas aplican o reciben para curar determinadas enfermedades, y siempre será “tres gatos” la expresión, de pura “cepa criolla”, la empleada por los dominicoparlantes para indicar la reducida cantidad de personas presentes en un lugar determinado.
«En las prácticas curativas y cábalas añejas – apunta el autor de “La patria en la canción” – el tres suele ser explotado por la ingenua credulidad de nuestro vulgo… Una ponzoña descarga su ira en un semblante y precisa evitar la hinchazón de la parte adolorida. El paciente se apodera entonces de una rama. Toma de ella una hoja; con otra hace lo mismo y lo repite con una tercera hasta reunir tres hojas de diversa clase. Han de ser tres necesariamente, que se llevan a la boca mascándolas al punto y aplicándolas a la parte afectada, en la cual la mancha roja de la picadura muestra en el centro, el relieve amarillo, la crueldad de la ponzoña…» (Ob. Cit., págs. 349-350)
Y en cuantos a la práctica llevada a cabo para curar los llamados “ojos de pecao”, el autor de los himnos escolares dominicanos apunta que «la gente del campo suele echar al fuego tres granitos de sal, escapándose a toda prisa para no ir la explosión… » (p. 350)
Antes tanto culto y reverencia, extraño tampoco resultaría que el referido número se encuentre presente en los versos del folklor poético dominicano:
«Mi padre me dio una pela,
y mi madre un coscorrón,
porque estaba enamorando,
las tres piedras del fogón...»
(Anónimo )
Vistos los ejemplos anteriores, valdría nuevamente preguntarse: ¿Es el tres el número mágico de los dominicanos?
El autor es catedrático universitario.

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