lunes, 15 de abril de 2013

ESDE MI VENTANA OPTICA :: UN ESTADO ENVILECIDO


"El peligro se sobredimensiona, cuando sus instituciones sucumben ante estos sectores, contando con la complicidad de funcionarios civiles y militares. Debe tenerse suficiente cuidado con las recompensas ofrecidas por la captura de estos personajes" sostiene Almanzar.
POR ALEJANDRO ALMANZAR
NUEVA YORK.- “Si la Naturaleza se rebela, lucharemos contra ella”, con esta sentencia dejó establecida Simón Bolívar su determinación, de crear un Estado fuerte, capaz de resistir la embestida de cualquier fenómeno terrenal o del más allá.
Y bajo su predicamento, el pueblo colombiano logró desalojar desde sus madrigueras a criminales y despiadados delincuentes, del crimen organizado y el narcotráfico, cuando Pablo Escobar y compartes intentaron poner la nación de rodilla.
A ese mismo grado de dignidad, deben recurrir las autoridades dominicanas, para hacerles saber a estos sectores, que jamás aceptaremos tomen nuestro espacio para llevar desosiego a la sociedad, con sus hazañas perniciosas.
“Cuando veas las barbas del vecino arder, pon las tuyas en remojo”, demostrado está, que estos grupos no respetan, ni les interesa el orden establecido en los países. Eso lo vive México, con el Chapo Guzmán, los colombianos lo vivieron con Pablo Escobar, y el pueblo dominicano, con Florián Félix, y el capo boricua, Figueroa Agosto.
El periodista, colombiano, Alonso Salazar J., en su libro “La Parábola de Pablo”, nos da una idea de esto, al señalar los peligros que asechan a un Estado, cuando la temeridad de ambiciosos les conduce al envilecimiento.
El peligro se sobredimensiona, cuando sus instituciones sucumben ante estos sectores, contando con la complicidad de funcionarios civiles y militares. Debe tenerse suficiente cuidado con las recompensas ofrecidas por la captura de estos personajes.
Señala el colega en su obra, que los narcos ponían precios a policías, lo que aprovechaban sicarios para asesinar a sus vecinos uniformados, luego iban a cobrar lo ofrecido por las bandas, que oscilaba entre dos mil quinientos, hasta diez mil dólares, dependiendo del rango y el cargo.
Lo más insólito sucedía con las ofertas del gobierno, por la captura de jefes de sicarios o carteles. Los mismos narcos ubicaban a sus rivales, y a través de contactos que tenían en los mandos policiales y militares los entregaban.
Luego enviaban a personas, recortes de periódicos en mano, con la evidencia de haber cumplido, exigiendo el pago por su labor de sapos, o sea, sin proponérselo, el Estado alimentaba económicamente a secuestradores y narcotraficantes.  
El sicario que sale a cumplir un encargo de asesinar, y delega en su madre recibir lo acordado, consciente de que las probabilidades de salir vivo son mínimas. Policías fueron vendidos por sus compañeros de armas, para tocar del botín recompensado.
Esa lucha por dinero, llevó a organizaciones de “izquierda” y “revolucionaria” a abandonar los “principios”, ya que, escoltar narcos se convirtió en negocio lucrativo. Las FARC, las Autodefensas, la UP y tantos otros movimientos políticos, terminaron trabajando para los narcotraficantes.
Observando el panorama descrito por Alonso Salazar J. los gobiernos de nuestros países deben verse en el espejo “Colombia”, para evitar que esas acciones lleven al envilecimiento de nuestros Estados. Disponer mayor control de sus hombres en puestos de mandos, y endurecer las penas sobre estas asociaciones criminales.
EL AUTOR ES PERIODISTA.
RESIDE EN NUEVA YORK.

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