DESDE MI VENTANA OPTICA ::: SANTIAGO HAITIANIZADO
"Por eso, Santiago viene levantando su voz de protesta ante unas autoridades sordas, siegas y mudas, frente a la presencia de haitianos deambulando por calles y avenidas, representando un gravísimo problema para el sistema de salud y la seguridad" expresa Almánzar.
POR ALEJANDRO ALMANZAR
NEW YORK. - Los procesos históricos son la mejor plataforma para evitar repetición de hechos del pasado. La desaparición de Trujillo trajo dos fenómenos dañinos para la sociedad, la inmigración indiscriminada a las ciudades de dominicanos, y la llegada desproporcionada de haitianos.
La emigración del campesino, significó un duro golpe a la producción nacional, convirtió en cinturones de miserias e insalubridad a riveras de ríos y cañadas, y ni hablar, de lo que acontece con la llegada masiva de haitianos a estas ciudades.
Por eso, Santiago viene levantando su voz de protesta ante unas autoridades sordas, siegas y mudas, frente a la presencia de haitianos deambulando por calles y avenidas, representando un gravísimo problema para el sistema de salud y la seguridad.
Hasta los años 80s, en esta ciudad y sus alrededores, era casi nula la presencia haitiana, incluso, los cocolos de Carlos McCoy, éramos extraños en la Hidalga Ciudad, compuesta por canarios, madrileños, galicianos, turcos y árabes.
Ojala, esta invasión no obligue a Gregorio Luperón volver a empuñar su bayoneta para poner en regla la casa, pues de las autoridades seguir indiferentes sobre el particular, Santiago apelara al heroísmo de sus prohombres.
Nunca cuestionaremos el derecho que tienen los haitianos a emigrar a nuestro país en busca de mejor vida, igual hacemos dominicanos, pero jamás permitiremos que ciudades enteras sean invadidas, ante la mirada cómplice de sus autoridades.
En el primer Santiago de América hay comunidades, donde por cada hijo de Duarte, viven 20 descendientes de Toussaint, convirtiéndolo en un Establo desde el centro de la ciudad, hasta barrios adyacentes, generando serias preocupaciones.
Las autoridades no pueden esperar un desenlace violento de las comunidades para resolver ese problema. En la Zona Sur, la gente siente su paz amenazada, al tener que convivir con ciudadanos sin costumbres, que realizan sus necesidades en cualquier espacio a cielo abierto.
Viven en casas abandonadas, hacen sus necesidades fisiológicas en bolsas plásticas y las lanzan a las calles de la vecindad. Las avispas son inofensivas si nadie las cuquea, pero es posible que quienes trafican con haitianos hacia Santiago, y las autoridades, estén cuqueando a estos mansos bichos, lo que desatará una furia colectiva en cualquier momento.
Entonces, volveremos a ver en las calles de un Santiago haitianizado, a Fernando Valerio, Pepillo Salcedo, Pedro Pimentel y a Gaspar Polanco, sable en mano, esta vez, restaurando la paz y el sosiego de los santiagueros.
No despierten la ira en Ulises Heureaux. Estamos a tiempo de evitar lo que esos prohombres son capaces de hacer para imponer el respeto en el territorio que con su sangre conquistaron. El que tenga ojo para ver, que vea, oído para oír, que oiga, para que después no vean y oigan cosas que jamás hubiesen querido.
Dejemos a estos hombres dormir tranquilos en la inmortalidad, evitemos sacarlos de su armonía lograda con el deber cumplido a favor de la patria, y así evitaremos sus justas reprimendas.
EL AUTOR ES PERIODISTA.
RESIDE EN NEW YORK.


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